
Me contaron que alguna vez existió una niña que, de tan frágil, podían derribarla en un soplo. Tan tierna, que decían de sus lágrimas que eran saladas.
De ella, decían que vivía oculta en un castillo de corales a la orilla del mar, al que nunca nadie había podido acceder.
Una vez quise conocer a aquella princesita de canela en el rostro. Conseguí que ella me abriera la puerta de su arrecife coralino. Y una vez que entré, no volví a salir.
Ahora, todo el mundo quiere tener su castillo, pero se olvidan de que los castillos son de hombres y las princesas, de cuentos de hadas.
Yo conseguí entrar en aquel cuento de hadas. Y sólo entonces descubrí que de los cuentos a la realidad únicamente hay una delgada línea que nadie ha podido traspasar. Los hombres lo quisieron por la fuerza. Y fracasaron. Yo siempre supe que esas líneas no las traspasaría nunca la fuerza de los hombres, sino la ternura de los niños.
Siempre supe que las líneas se dibujaron con la imaginación; que la sonrisa atravesaba los castillos y la guerra envilecía a los hombres.
Que la fantasía atravesaría las fronteras que la guerra las emponzonaba, no era nada nuevo para mí.
Y, una vez más, se cumplió la profecía.

me parece una historia interesante y enrequecida.Alberto vales para escritor y la verdad siempre estas historias a muchas personas de este mundo del que nuca podriamos salir de no ser por las historias fantasticas,yo digo que esta muy bien,sinceramente creo que esta bien.bessos
marta rodriguez lopez(tu vecina)